22 Enero 2010

Hace mucho tiempo decidí, ya no recuerdo bien por qué, escribir de manera lo más impersonal posible, pero hoy voy a hacer una excepción y abrir un poco mi corazón, tocar un tema ligeramente más profundo dándole un enfoque personal, así que siéntanse privilegiados, mis lectores, esto no pasa a menudo. Pero es que no hay otra manera de hablar de esto y dar a entender lo que quiero decir realmente, si no es de esta forma. Porque quiero hablar del amor. L’amour (ya que empezamos con un título en el idioma del romance).
Y concretamente quiero hablar de esas dos palabras, tan breves, tan simples, y a la vez tan potentes como ninguna otra y con más significado del que muchos llegan a vislumbrar. Te amo. Palabras que hoy tantos dicen con tanta ligereza que ni siquiera saben qué están diciendo. Palabras que salen como cualquier otra sin que su emisor sepa que su propia naturaleza las hace diferentes, especiales.
Palabras que una parte de mi se arrepiente de alguna vez haber pronunciado, porque solo se las dije a dos personas, y ninguna supo apreciar el valor de lo que estaba diciendo. Y hoy me gustaría poder decir que nunca las pronucié y que conserven ese valor virgen de esperar en el vacío alguien que merezca oirlas de mi boca. Porque hoy miro hacia atrás y me pregunto si yo realmente sentía lo que creía estar sintiendo cuando las dije. Y me asusta un poco pensar que en realidad no creo que haya sido así. Y me doy cuenta que eso significaría que nunca estuve enamorado. Pero aún peor sería saber que sí lo estuve, porque darme cuenta que eso es el amor y nada más sería decepcionante. A pesar de mi frialdad en ocasiones, en el fondo quiero creer que existe algo más, que el amor es algo más fuerte, algo más hermoso y real de lo que yo alguna vez sentí y creí confundir con amor. Y si es así significa que desperdicié esas palabras, que mentía sin saberlo y me engañaba más a mi mismo que a quienes recibían mi corazón con una indiferencia fría y dolorosa.
Y hoy veo a tanta gente soltar esas palabras con tanta facilidad y me repugna ver cómo no se aprecia el valor de expresar con dos palabras el sentimiento más profundo y vulnerable que existe. Palabras con un poder que tantos ignoran. Palabras que dudo mucho poder volver a decir a alguien.
Escrito en remyblas | Etiquetado amor, corazon, frances, je t'amie, l'amour, relaciones, romance, te amo | 3 Comentarios »
16 Enero 2010

Tengo ganas de escribir. ¿Qué? Algo. No sé. Escribir. Será que estuve releyendo algunas cosas que había escrito anteriormente, será alguna especie de inspiración espontánea, será el efecto de la noche sobre mi creatividad y mis sentidos… Tan inexplicable como irrelevante.
Y buscando en los retorcidos recovecos de mi mente lo primero que encuentro y no tiene sabor de repetido es algo que quería escribir hace unos días pero surgió durante mi horario laboral en medio de una semana de caos y actividad constante, donde llegué incluso a lograr una nueva marca personal con quince horas seguidas en la oficina y con unos cuantos días de mucho trabajo con escasos, escasísimos momentos de ocio. Y ahora se fue la idea. Y aunque recuerdo el tema, no siento la motivación para hablar de eso ahora, el pensamiento se enfrió demasiado en mi mente. Quizá otro día, si vuelve a tener relevancia.
Así que he aquí ciertos pensamientos inconexos:
Lo que daría en este momento por tener una pileta, y estar flotando en el agua fría, con la mirada en el cielo oscuro, en total silencio y calma disfrutando de su frescura.
Me resulta curioso pensar que me espera por delante un fin de semana que preveo familiarmente inactivo, y lo curioso es descubrir que ultimamente reactivé lo suficiente mi vida social y salí lo suficiente de la rutina como para que un fin de semana carente de planes y con altas probabilidades de soledad y aburrimiento, me resulte algo que hacía tiempo no experimentaba, al contrario de lo que durante mucho tiempo en este sedentario y rutinario 2009 parecía ser tristemente cotidiano para mi. Otro dato curioso, de no haber hecho un cambio radical a mis planes y mi agenda, en este momento no estaría acá sino en un omnibus de larga distancia probablemente durmiendo, en pleno viaje hacia una ciudad costera para pasar una semana de vacaciones en compañía de amigos. Aunque de ser así no dudo de que parte de mi no podría borrar los nervios y la incomodidad de haber dejado trabajos pendientes y asuntos sin cerrar. Así que en vez de eso estoy acá, atando cabos sueltos para poder realizar dicho viaje dentro de algunos días pero disfrutando de la paz de haber cumplido con todas mis responsabilidades y sin ninguna carga psicológica que me arruine el placer vacacional.
Debería empezar a pensar en ponerme en campaña para concretar algunas de mis resoluciones para este nuevo año. Por ejemplo comenzar clases de bajo, o empezar a ir otra vez al gimnasio y/o a natación y/o a correr y el reciente proyecto de clases de inglés para tener algún tipo de documento que resplde mis conocimientos del lenguaje. O terminar mi carrera. Tengo que inscribirme a esa última materia, no sé cuándo abrirá la inscripción pero me parece que sería prudente averiguar lo antes posible.
Es triste ver gente sufriendo, querer hacer algo para consolarlos y no saber qué. Pero es bueno cuando esa gente sabe llevar adelante con una fortaleza interna admirable sus pruebas y tienen incluso la voluntad de apreciar y agradecer los gestos de apoyo que uno les brinda.
Hoy escribí algo en mis notas de facebook, algo que no suelo hacer porque FB automáticamente copia por orden mía lo escrito en este blog así que no gasto mis energías en escribir algo ahí, pero me pareció interesante copiar una nota acerca de una pareja de Turquía que hace 90 años que están casados. Dos ancianos de 112 y 110 años que todavía siguen amándose después de haber vivido la caida del Imperio Otomano y las dos guerras mundiales. Dos personas que vieron pasar un siglo entero, que dieron vida a una familia numerosa y siguen juntos después de 90 años de matrimonio. Si eso no es amor verdadero, no sé qué es el amor. Probablemente copie la nota también a mi otro blog…
Suficiente por hoy, necesidades literarias satisfechas. Hasta pronto, mis lectores y lamento la probablemente nada interesante descarga mental que acaban de leer si han llegado hasta este último párrafo.
Escrito en remyblas | Etiquetado blog, cotidiano, ejercicio, escribir, facebook, noche, pareja, pérdida, pensamientos, rutina, texto, trabajo, vacaciones, viaje, vida | 4 Comentarios »
14 Enero 2010

A veces la vida parece tan corta, otras veces toma el caracter de una eternidad, todo depende del punto de vista. En general parece más sana y suele ser más recurrente la visión de su fugacidad, y nos sentimos mejor afirmando lo breve que es el tiempo que tenemos sobre este mundo y así justificar nuestras acciones para aprovechar el tiempo. No voy a cuestionar esta visión, estoy completamente de acuerdo, la vida humana es breve y fugaz y hay que aprovecharla, aunque el equilibrio es algo que parece tan difícil de lograr por tantos, y los excesos, un riesgo constante.
Irónicamente a pesar de la fugacidad de la vida, muchos la pasamos soñando, esperando, deseando… y poco se hace para lograr los anhelos del corazón. Estudiamos porque se nos dice que debemos hacerlo, elegimos una carrera porque debemos trabajar, trabajamos porque todos lo hacen y porque se necesita el sustento para vivir, y vivimos… ¿para qué?
Hay quienes viven por su trabajo en lugar de trabajar para vivir, hay quienes estudian solo por estudiar, parece tan complicado hallar algo tan sencillo como un sentido para vivir. No, no es tan complicado. Y temo irme por las ramas, pero voy a darles una revelación, mis queridos lectores: hay algo más. Algo más que la vida en esta tierra, y no hablo del vampirismo, existe una vida eterna y no es dada por la sangre y los colmillos. Existe alguien Superior que nos creó a todos, tomen mi palabra por eso, se los puedo asegurar, no somos fruto de una azarosa evolución ni nuestro destino es ser simplemente alimento de gusanos.
Escrito en Diario de un Vampiro | Etiquetado dios, eternidad, inmortalidad, tiempo, tierra, vida, vivir | Deja un Comentario »
17 Diciembre 2009

Si tuvieras la chance de elegir, si te ofrecieran la oportunidad de aceptar la inmortalidad, de entrar al mundo de las tinieblas, dejar de ser humano para siempre y convertirte en un vampiro. ¿Qué decidirías?
¿Aceptarías abandonar para siempre la luz del sol, para no volver a ver jamás un amanecer? ¿Sacrificarías tus días a cambio de una eternidad de noches para disfrutarlas como ningún mortal podría jamás? ¿Dejarías atrás tu vida por una inmortalidad desconocida?
¿Serías capaz de vivir con la Sed, con ese ansia inagotable, con el peso de tener que alimentarte de la vida de otros, de aquella especie a la que alguna vez perteneciste? ¿Matarías sin piedad, rencor o culpa? ¿O intentarías limitar tu camino al sacrificio de la abstinencia, evitando quitar la vida de otros por tu necesidad? ¿Serías capaz de tener la fuerza de voluntad necesaria para un camino de principios, en una realidad donde no hay reglas? ¿Serías capaz de mantener tu decisión incluso sin saber si tu alma está condenada, si es que tienes un alma? ¿Podrías soportar la ignorancia de tu naturaleza, el desconocimiento de tu existencia?
¿Cómo saber qué es lo que estás aceptando? ¿Serías un siervo del demonio, un ser condenado, una criatura de maldad pura? ¿Serías un ser solitario, condenado a vivir marginado? ¿Serías algo más, algo desconocido, indefinido por palabras humanas? ¿Estarías dispuesto a lanzarte a ciegas a una existencia que no podrías comprender sabiendo que no hay vuelta atrás?
¿Soportarías ver como tus seres amados envejecen, como todos tus afectos se deterioran y mueren mientras permaneces inalterable, congelado en el tiempo? ¿Te separarías de toda emoción, viviendo tu historia en soledad? ¿O arrastrarías a otros a tu misma condenación para no estar solo? ¿Dejarías que otros a quienes amaste sufran lo mismo si descubres que tu nueva existencia es un tormento?
¿Y para qué usarías tus nuevos poderes? ¿Qué harías con el nuevo mundo que se abre frente a tus ojos y con las posibilidades que se presentan en tus manos? ¿Sembrarías el caos por donde pasaras, alimentándote del miedo, aprovechando tu imponencia para pisotear la existencia de los que consideras inferiores? ¿Te apartarías de todo para sufrir en silencio y soledad? ¿Te mezclarías en la sociedad para pasar desapercibido, aprendiendo de lo que observas, alimentándote de conocimiento, absorviendo la historia por tus sentidos? ¿Te volverías un erudito con siglos de sabiduría e inteligencia? ¿Te rodearías de muerte y soledad, o serías capaz de amar y ser amado? ¿Usarías tu belleza y encanto para hechizar a quienes quisieras para dominar sus mentes y emociones, para ganar su cuerpo, alma y sangre?
¿Y si fueras cazado, perseguido por aquellos de quienes te alimentas? ¿Si, incomprendido, tu vida inmortal peligrara? ¿Enfrentarías a tus enemigos con coraje o huirías en la noche? ¿Serías capaz de soportar tu existencia maldita?
¿Aceptarías convertirte en un vampiro? ¿Qué harías si lo fueras? Dime, mortal, ¿serías un vampiro?
Escrito en Diario de un Vampiro | Etiquetado condena, condenado, desconocido, diario, dilema, existencia, historia, inmortalidad, muerte, mundo, noche, oscuridad, pregunta, sangre, sed, sobrenatural, sociedad, soledad, sombras, sufrimiento, vampiro, vida | 22 Comentarios »
9 Diciembre 2009
En estos últimos días tuve en más de una ocasión la peculiar ocasión de cruzarme con alguien perteneciente a mi escasa, pero existente, lista negra. En realidad, para ser más concreto, se trata de gente a cuya lista negra yo pertenezco, lo que no significa necesariamente que pertenezcan a la mía. Si me pongo a pensar, no tengo en realidad una lista negra, no creo poder mencionar alguna persona que merezca tanto mi desprecio como para decir que son dignos de mi odio. Lo que sí hay es gente a quien prefiero evitar sencillamente por el hecho de que esas personas han decidido que es mejor evitarme. O que yo las evite. Situaciones complicadas que cortan el contacto social entre dos seres humanos, estoy seguro de que no soy el único al que le pasó alguna vez. Gente que queda excluída de nuestro círculo social, pero sigue ahí, con su propia vida, transitando su propio camino. Y a veces esos caminos vuelven a cruzarse con los de uno.
El primer caso del que hablo fue hace algunos días. Dos personas protagonistas de una historia algo conflictiva conmigo aparecieron en un punto geográfico clave en mi rutina, una parada de colectivo en la que tenía que detenerme a esperar. El tiempo había enfríado las situaciones que nos había distanciado y muchas cosas se habían aclarado por medio de charlas, pero lo que alguna vez fue una amistad se había roto, y aunque sin rencores, la distancia entre nosotros se había vuelto abismal, y tengo que reconocer que en ausencia de rencor, un cierto resentimiento, más hacia la situación que hacia las personas, había quedado de mi parte y estoy seguro que también de la suya. Por alguna razón, instintivamente esquivé el incómodo momento de un reencuentro casual y breve. Cambié mi rumbo para evitar el contacto y estoy bastante seguro de que esas dos personas nunca supieron que yo pasé a escasos metros de donde estaban paradas. Poco después me arrepentí de este impulso y deseé haber seguido con lo que hubiera hecho en su ausencia, que era detenerme en el mismo lugar donde estaban, y con una sonrisa despreocupada, quizá con un toque de malicia o cinismo, saludar y tomar las riendas de la situación para que sea incómoda para todos menos para mi, que estaba en dominio del momento. Imaginé sus expresiones si yo aprovechaba la situación de esa manera, con orgullo y ligereza, con dignidad. Pero el momento había pasado.
Hoy se repitió una situación bastante similar, esta vez con un impacto un poco más directo. Esta vez la otra persona notó mi presencia prácticamente al mismo tiempo que yo y el impacto era casi inevitable. Además, la situación que nos había distanciado no se había enfriado del todo al menos en lo que a mí respecta, y muchas cosas quedaron en el tintero. Por mi parte había decidido dejar pasar todo y dejar todo aquello en un rincón olvidado de mi memoria, ignorado por su poca relevancia para mi vida actual. Pero ahí estaba esa persona, caminando en dirección opuesta a la que yo lo hacía, directamente hacia mí. No hacia mi precismente, asumo que su destino estaba en algún lugar detrás mío, pero la cercanía hubiera obligado al menos a una incómoda mirada, y si alguno de los dos tenía la audacia de detenerse, se hubiera desencadenado un rencoroso pero cordial saludo que no sé qué consecuencias habría tenido. Y otra vez mi impulso fue el de evitar todo aquello. En un segundo analicé las posibilidades y cualquier alternativa que surgiera del encuentro directo me desagradó. Opté por evitar, una vez más, aquel incómodo momento y desvié mi camino de manera evidente, poniendo una calle de por medio y sin otorgarle siquiera una mirada. Instantes después mi propia actitud rencorosa me sorprendió y desagradó. Supe que una vez más me había dejado llevar por un impulso innecesario, que lo más digno hubiera sido, quizá, algo bastante similar pero más discreto, más sutil que el brusco cambio de rumbo. Con simplemente continuar mi camino, decorando el momento con una mirada inexpresiva o quizá un saludo por compromiso, condimentado con un toque burlón o cínico. Mi orgullo no me permitiría algo menos despreciativo que eso, pero hubiera sido menos evidente que aquello que le dejó claras mis intenciones de evitar su presencia a toda costa.
Me sorprende cómo en esas situaciones inesperadas mi primer impulso es la huída. Ese impulso intantáneo que por otras personas cambiaría mi rumbo para concretar el encuentro y sociabilizar al menos por un instante aprovechando que el destino nos cruce, cuando se trata de alguien con estas características en mi historia y mi memoria, se transforma en un instinto de escape, en una evasión total de cualquier encuentro incómodo. Aunque la alternativa que surge demasiado tarde, teñida de cinismo, rencor y orgullo, no parece mucho mejor en realidad.
Escrito en remyblas | Etiquetado amigos, desprecio, encuentros, enemigos, gente, historia, impacto, incomodo, indiferencia, lista negra, memoria, pasado, situacion | Deja un Comentario »
9 Diciembre 2009

Cuantos de nosotros desconocemos nuestra capacidad para afectar la vida de otros. Yo mismo ignoro cuántas vidas cambié, momentanea o permanentemente, cuánto afecté a tal o cual persona con mis palabras o actos, qué trascendencia tuvieron mis decisiones, no tanto en mi vida como en la de quienes me rodean. Y me pregunto si esas personas que alguna vez cambiaron el rumbo de mi vida, que me movieron el piso de una u otra manera, sea buena o mala, incluso neutral, sabrán que lo hicieron o cuánto poder tuvieron en mí. Asumo de algunas de esas personas que marcaron un antes y un después, por insignificante que haya sido su influencia, sabrán que lo hicieron, pero tantas otras pasaron por mi vida sin saber que lo habían hecho, sin ser conscientes de que estaban torciendo el rumbo de la vida de alguien. Y eso me lleva a pensar que es más que probable que yo también haya afectado la vida de alguien sin saberlo.
Es que a vece es tan inesperado, tan impredecible. Tanto el descubrir la importancia de uno mismo en la vida de otros, en alguna sorpresiva confesión amorosa, en el relato de alguien a quien una conversación disuadió de un triste intento de quitarse la vida, como darse cuenta que alguien pasó por la vida de uno, llegando de forma inesperada y quizá desaspareciendo con la misma fugacidad, pero dejando una marca en la memoria, y tomar consciencia de que ese alguien quizá nunca sepa cuánto nos movió los cimientos de la existencia.
Escrito en remyblas | Etiquetado afectar, caminos, consecuencias, cruzados, decisiones, efectos, gente, personas, repercusiones, social, vida | Deja un Comentario »
16 Noviembre 2009

En el silencio de la noche hay sonidos que no existen en el día. La luz diurna carece de ese encanto único de la noche.
Adoro la noche, su calma y frescura, donde ninguna esfera de fuego gigante desgasta mis energías, donde la luminosidad y el calor no diezman mis fuerzas y sentidos. Prefiero la tranquila oscuridad, donde mis sentidos ya de por sí agudos se intensifican y todo se ve con mayor claridad y sentido, donde el tiempo es más flexible, la libertad más palpable. Toda limitación olvidada, todo miedo hecho a un lado, toda vergüenza ignorada.
La noche, con su naturaleza única, tan opuesta al día, tan enorme y profunda, rebosante de secretos y belleza real. Con sus luces artificiales, su música, sus cantos y risas tan distintas a las del día. Su silencio, tan lleno de voces y ruidos misteriosos, su oscuridad tan plena y llena de tonalidades, su aire despejado, su tiempo libre de presiones, su voz -la voz de la noche- hablándome al oído, aclarando mis pensamientos, despejando mis dudas, echando luz sobre las tinieblas de mi mente.
La rutina de una vida humana me obliga a vivir de día, gran parte de la noche desperdiciada en el desgraciado descanso. Pero cuando puedo darme el lujo de disfrutarla en su totalidad, cuando puedo aprovechar cada hora, cada minuto de su oscuridad y calma… Nada me llena de energías y poder… sí, poder… como toda una noche en pleno contacto conmigo mismo, atento a los secretos de la oscuridad, a la claridad que solo la noche me puede dar. Y quisiera seguir mi naturaleza, vivir en esa amada noche, olvidar la luz y sumergirme en ese mundo oscuro y a la vez tan claro y bello, tan único y especial, pero me contento con la porción de noche que aún puedo disfrutar y cada cierto tiempo la vida me permite darme ese lujo de pasar toda una noche en calma, sencillamente disfrutando de la inmensidad del reinado de la luna.
Escrito en Diario de un Vampiro | Etiquetado calma, dia, luna, noche, oscuridad, oscuro, sentidos, silencio, tranquilidad | 10 Comentarios »
30 Octubre 2009

Hay algo en dejar que la lluvia entre por mis sentidos que encuentro enormemente placentero. Quedarme de pie en la puerta de mi hogar una noche de lluvia, observando la tormenta, el torrente de agua cayendo, los reflejos de luz de un relámpago repentino, sintiendo el olor de la tierra mojada y oyendo los truenos y el repiqueteo de las gotas. Tiene una belleza indescriptible, única. Quizá es algo en la tormenta que siento que se identifica conmigo; quizá sea el agua, la manera en que siempre está presente, cómo afecta lo que toca, cómo desaparece tan repentinamente como llegó, cómo es amada, odiada o ignorada. Destructiva pero necesaria, ansiada o lamentada, el agua, la lluvia, siempre llega y siempre se vuelve a ir. Dejará de llover y volverá a llover. Las tormentas llegan siempre, la paz espera después que terminan, hasta que una nueva tormenta interrumpe la paz. Pero en las tormentas de la vida yo encuentro la paz en el clima lluvioso. Podría quedarme largo tiempo de pie observando la lluvia, dejando mi mente volar, fluir entre sus gotas, estallar en sus relámpagos, estar en todo y nada a la vez.
Cálmame lluvia, llévate mi tormenta, dame tu paz y expulsa el insomnio. Llegaste a tiempo para mi arrullo. Buenas noches.
Escrito en Diario de un Vampiro | Etiquetado agua, belleza, gotas, lluvia, observar, relampago, sentidos, temporal, tormenta, trueno | 1 comentario
22 Octubre 2009

Los vampiros siempre fuimos un tema recurrente en la literatura, el cine, la música, el folklore local de distintos lugares del mundo, las historias relatadas a la luz de una fogata en la oscura noche de un tranquilo campamento. Pero en ciertos momentos de la historia nuestra popularidad alcanzó auges misteriosos, picos de un éxtasis masivo por la fascinación hacia los más antiguos y poderosos seres inmortales de la noche. Hoy miro a mi alrededor y veo que estamos viviendo uno de esos períodos. Donde quiera que uno fije su atención se encuentra con la saga de Stephenie Meyer (Crepúsculo) en el papel y la pantalla grande, las series basadas en los libros de LJane Smith (Vampire Diaries) y Charlaine Harris (Southern Vampires Misteries – True Blood), y clásicos que resurgen como consecuencia de esta nueva atracción hacia la fantasía de los colmillos, como las obras de Bram Stoker (Drácula) o Anne Rice (Crónicas Vampíricas) en la literatura, John Carpenter (Vampiros) o incluso Francis Ford Coppola (Drácula de Bram Stoker) en sus éxitos del cine, que vuelven a estar en boca de críticos y columnistas de distintos medios.
Y se me presenta un dilema muy íntimo en medio de este fenómeno global, que sospecho es un problema personal muy común en casos en los que una pasión personal y con el condimento de lo oculto y en ciertos aspectos secretos se contamina con la masividad de lo popular y comercial hasta extremos casi ridículos. En ciertos aspectos no puedo quejarme, porque el fenómeno impulsa obras que de otra manera no habrían llegado a ganar una importancia capaz de permitirles transmitir la visión de su propio mundo fantástico, pero por otro lado no puedo evitar sentir una cierta invasión hacia mi pasión íntima, mi esencia oscura, en la secularización de la vida de los seres de la noche, un mundo en el que me veo involucrado desde mucho antes que esta nueva presente fascinación se estableciera.
Pero puedo tolerarlo, puedo disfrutarlo incluso, centrando mi atención en lo placentero de conocer nuevas visiones de una misma cultura de sombras y sangre. Y puede que este fenómeno sea el causante de que tras años en las sombras, dejando mis pensamientos vagar, a veces perderse con el viento sin un ancla que los inmortalizara conmigo, haya decidido registrar mi vida, mi mundo, mi visión, en este diario. Y puede que este momento de la historia que estamos viviendo sea la causa, mi querido lector, de que estés ahora frente a estas palabras. Y si esto me permite a mi también ser un beneficiario de la secularización de mi mundo, si me convierte en un partícipe más de uno de los mencionados períodos en que los vampiros nos convertimos en un tema recurrente y popular más allá de lo natural, bienvenido sea ello y aportaré mi parte en dar a conocer lo que pueda a aquellos lectores sedientos de cultura, ansiosos por nutrirse con lo que mis palabras puedan darle.
Escrito en Diario de un Vampiro | Etiquetado anne rice, auge, bram stoker, charlaine harris, cine, crepusculo, diario, dracula, fantasia, fascinacion, folklore, francis ford coppola, historia, john carpenter, leyendas, Literatura, lj smith, Música, mitologia, mitos, oscuridad, popularidad, sangre, sobrenatural, sombras, stephenie meyer, true blood, vampire diaries, vampirismo, vampiros | 13 Comentarios »